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EL COMENTARIO DE HOY, MARTES 30 DE DICIEMBRE 2025

En los últimos tiempos, nuestros gobernantes miden su simpatía popular, arraigo y logros, a través de encuestas. Éstas, todo mundo lo sabe, toman una muestra, que sólo a ellos les consta y, casi siempre, sale bien posicionado quien paga más. No es un secreto. Cuando alguien quiere trascender de la nada para ubicarse en el imaginario colectivo como un prospecto para algún cargo de elección popular, hay una guerra de encuestas. El que suelta más lana es quien gana.

Existen equipos dedicados a promover la imagen. Especialistas en manejar mensajes, redes sociales, encuestas y sondeos de opinión que cobran a quien los contrata, una millonada. A quienes están en la lona los levantan hasta las estrellas. Obvio, jamás pagarán de su peculio. Recuerden la vieja frase: político que gasta de su bolsa es contra natura. Así, mientras algunas empresas descalifican hay otras que inventan logros y resultados, para ubicar a su cliente en la cima.

Sin embargo, hoy se dan dos posiciones casi siempre contrapuestas: lo que dicen las citadas encuestas y la percepción ciudadana. Una pregunta demoledora es: ¿Cuál es la situación real de la capital oaxaqueña, fustigada por la inseguridad, el abandono, el ambulantaje y los baches? ¿Se trata de un buen o mal gobierno? Lo extraño es que nadie sabe en dónde hacen sus famosas encuestas o al menos la metodología y el universo de ciudadanos que son entrevistados.

En el imaginario colectivo es común que, al recibir una llamada telefónica de una empresa encuestadora, lo que hace el usuario es rechazarla. En efecto, hay una negativa tácita para dedicarle tres o cuatro minutos y contestar las preguntas que hacen los encuestadores. Se habla de cientos o miles de encuestados. Otras empresas afirman hacerlo vía telefónica o por internet, sin decir cuáles son las preguntas. He ahí el misterio respecto de dónde obtienen los resultados que publican.

Por ejemplo, el Movimiento de Regeneración Nacional -Morena- puso de moda, para ocultar el dedazo tradicional, que los prospectos a ciertos cargos de elección popular, serán sometidos a encuestas. ¿Quién las realiza? ¿De dónde obtienen los resultados y cuál es la metodología? Es un misterio. La opacidad y la discrecionalidad más antidemocráticas siguen presentes. Lo mismo ocurre con gobernantes, legisladores o ediles que publicitan resultados en donde afirman estar en la cima de la simpatía popular, cuando es todo lo contrario.

Nada más real que la visión que tiene la ciudadanía de las personas o instituciones. La percepción ciudadana del quehacer y el desempeño en los cargos que ocupan, es motor de simpatía o respaldo popular. Las famosas encuestas y sondeos de opinión son, pues, pura ficción. (JPA)

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